"Joe Gould, “hombrecillo risueño y demacrado”, fue un famoso vagabundo de Nueva York, conocido a principios de siglo entre los artistas del Village por andar de aquí para allá, inmerso en la escritura de la gran obra universal, la “Historia oral de nuestro tiempo”. El manuscrito, recopilado durante años en centenares de cuadernos, alcanzaba, según Gould, una extensión doce veces superior a la de la Biblia y sería consideraba en el futuro como la mayor fuente de historia del siglo XX. Construida mediante la recopilación de conversaciones oídas aquí y allá, la “Historia oral de nuestro tiempo” contenía capítulos tan dispares como “Borracho como una cuba, o de cómo medí las cabezas de mil quinientos indios a cero grados de temperatura” o “La espantosa adicción al tomate, o ¡cuidado! ¡cuidado!, ¡abajo el doctor Gallup!”.
La fama de la ‘Historia oral’ llegó a tal punto que escritores de la talla de Ezra Pound o E.E. Cummings se interesaron por ella. Es más, a la muerte de Gould, en 1957, un grupo de amigos emprendió una larga búsqueda de sus famosos manuscritos por todos los rincones de Nueva York sin el menor éxito.
Los manuscritos no se encontraron nunca, claro, ni podrían haberse encontrado porque, tal y como desvela Joseph Mitchell en la magistral novela “El secreto de Joe Gould”, la Historia Oral fue solo una invención con la que e Gould se engañó a sí mismo durante años."
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